No habrá un solo bético que pueda negar, tras lo vivido este miércoles en La Cartuja, que la espera mereció la pena. Pareció que quisiera el Betis justificar 21 años fuera de la máxima competición europea, como si sintiera que tenía que saldar esa deuda, y vaya si lo hizo. Lo pasó en grande. Poco le importó tener delante al líder portugués, un Oporto que demostró que tiene fútbol en botas españolas. Le remontó con dianas de Gabri Veiga y Samu Aghehowa, para enmarcar ambas, pero sucumbió ante el latido verdiblanco. Isco, de penalti, culminó la épica noche de Champions.
El encuentro, trepidante, lo tuvo todo, como una de esas fiestas de las que emanan las conversaciones que, durante años, mantiene el grupo de colegas. Seguro, hablarán los béticos durante años de la obra de arte con la que Abde inauguró la Champions en La Cartuja. Una construcción aseada, que aceleró Fran García y concluyó el marroquí con la brocha, una parábola hipnótica sobre el lienzo. Era para cerrar el estadio, pero menos mal que nadie lo hizo. Habría sido un pecado evitar que sucediera lo que vendría después.
Ficha técnica:
Real Betis: Álvaro Valles; Ángel Ortiz, Bartra, Natan, Fran García; Marc Roca (Facu Bernal, min. 87), Deossa (Dani Ceballos, min. 62); Antony (Rodrigo Riquelme, min. 90), Isco (Pablo Fornals, min. 87), Ez Abde; y Parrot (Cucho Hernández, min. 62).
FC Oporto: Diogo Costa; Martim Fernandes (Alberto Costa, min. 59), Pablo Rosario, Jakub Kiwioe, Francisco Moura; Allan Varela, Victor Froholdt, Gabri Veiga (In-Beom Hwang, min. 71); Borja Sainz (Pietuszewski, min. 59), Pepé (Santiago Giménez, min. 85) y André Da Silva (Samu Aghehowa, min. 59).
Goles: 1-0: Ez Abde, min. 47; 1-1: Gabri Veiga, min. 55; 1-2: Samu Aghehowa, min. 61; 2-2: Cucho Hernández, min. 74; 3-2: Isco, de penalti, min. 84.
Árbitro: Clément Turpin, del comité francés. Amonestó a los locales Abde, Deossa, Ceballos y Ángel Ortiz, así como a los visitantes André Silva, Alan Varela y Santiago Giménez.
Incidencias: encuentro correspondiente a la segunda jornada de la UEFA Champions League, disputado en el estadio de La Cartuja, ante 67.114 espectadores.
Así fue el partido
Lo cierto es que el preámbulo no hizo más que incentivar el hambre. Fue divertido, sí, pero faltaban los goles, algo así como si en la juerga se olvidara el hielo. Tuvieron los de Pellegrini un par de despistes groseros que provocaron el escalofrío, un susto de Halloween adelantado. En uno, Borja Sainz castigó, pero el VAR echó un cable al conjunto verdiblanco.
A la reanudación, La Cartuja tornó en manicomio. La maravilla de Abde tuvo un efecto somnífero en los verdiblancos, como si hubieran quedado hechizados con la comba que fue a la escuadra. Y el Oporto empezó a hacer justicia a la fama que tienen los equipos portugueses de practicar un fútbol de guante blanco. Se lo enfundó Gabri Veiga en una falta que clavó allí donde se cruzan las maderas, imparable por más que se estiró Valles para, incluso, palmear.
Yacía aletargado el Betis, como si la Bella Durmiente fuera y esperara el beso de un príncipe que lo despertara. No llegó nadie de sangre azul, pero sí un joven que busca su corona en el fútbol español. Llevaba dos minutos Samu Aghehowa en el campo y le bastó una combinación con Pepe para descargar un relámpago a la red. Los béticos sintieron que les encendieron las luces en plena discoteca.
Remontar tras ser remontado
El Ingeniero echó un vistazo al banquillo y encontró a quien pudiera dar a su Betis el beso que lo sacara del encantamiento. No saltó el Cucho Hernández a lomos de un noble corcel, sino con el cuchillo entre los dientes, y le bastó una acción mágica de Antony para clavarlo como una estaca en el corazón del Conde Drácula. Todo, de nuevo, por decidir.
Sucede con frecuencia, como en el teatro griego, que se resuelven estos entuertos de la manera menos esperada, e Isco pareció exclamar aquello de deus ex machina. Le ayudó Ángel Ortiz a escribir una historia casi inverosímil, punzante el lateral en una galopada al impulso de una corazonada. Francisco Moura pareció un canterano, inocente al poner la zancadilla. Penalti claro y el foco, sobre el mago de Arroyo de la Miel. La Cartuja entera contuvo la respiración… para recobrar el aire en un alarido exultante. Habría que echar un vistazo a lo que los sismógrafos captaron en ese momento.
A la gesta tan solo le faltaba un héroe con capa, que aterrizó cuando quedaban ya pocas uñas para morder en las manos. Voló Valles y suspiró el beticismo, que explotó con el pitido. Fue su gran noche. Inolvidable. A este Betis le queda bien la talla de la Champions. Qué bueno que volvió.
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